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La narrativa renacentista. La novela picaresca. El Lazarillo

El Lazarillo de Tormes visto por Goya

El Lazarillo de Tormes visto por Goya

Es útil clasificar la narrativa[1] renacentista atendiendo a la voluntad de los autores de reflejar la realidad o de crear una obra de ficción para evadirse de ella. La primera perspectiva es la narrativa realista; la segunda, la narrativa idealista. La narrativa idealista está compuesta por los siguientes subgéneros:

  • Narrativa de caballerías. La más famosa es Amadís de Gaula, de origen medieval y compuesta casi en su totalidad por Garci Rodríguez de Montalvo. Se publicó en 1508 y tuvo tal éxito que pronto surgieron continuaciones o nuevas sagas (como la de los Palmerines). Quizá el mejor libro de caballerías de la península es Tirant lo Blanc, del valenciano Joanot Martorell. Éstas eran las lecturas favoritas de Don Quijote.
  • Narrativa pastoril. Género típicamente renacentista, en el que se idealiza la vida en el campo: las obras se ubican en parajes naturales idílicos y serenos (locus amoenus), donde refinados pastores establecen platónicas relaciones amorosas. La obra castellana más famosa es La Diana (1559) de Jorge de Montemayor, claramente influida por La Arcadia del italiano Sannazzaro, texto que fija las pautas del género bucólico reactualizando los clásicos de Virgilio y Horacio. La literatura pastoril renacentista tiene también espléndidas manifestaciones líricas, como las Églogas de Garcilaso de la Vega.
  • Narrativa morisca. Este género renacentista, al igual que los llamados romances fronterizos o moriscos, narra, con mayor o menor fidelidad, sucesos históricos relativos a las luchas fronterizas entre moros y cristianos. Los personajes son un dechado de perfecciones, prototipo de belleza, nobleza y valor, cualidades que se exaltan en todo momento (por eso se habla de maurofilia). La novela morisca más famosa es Historia del Abencerraje.
  • Narrativa bizantina. El siglo XVI populariza, asimismo, una estructura de relato de aventuras que revive viejos esquemas narrativos desarrollados por autores de la antigüedad helénica y de la Edad Media. El esquema narrativo es siempre el mismo: 1) separación; 2) aventuras; 3) anagnórisis o reencuentro. A finales del siglo XVI Cervantes escribió una novela de este subgénero: Persiles y Segismunda.
  • Narrativa italianizante. Relatos breves que sirven de entretenimiento y que se basan (a veces se adaptan o refunden) obras italianas, sobre todo de Boccaccio (Decamerón). Esta narrativa breve seguirá dos direcciones: el cuento y la novela corta. El autor más representativo de esta tendencia es el valenciano Juan de Timoneda, cuya obra más conocida es El Patrañuelo (1565), un conjunto de narraciones breves a la manera de cuentos novelados, designadas como patrañas.

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