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El espíritu de Vanguardia: el Surrealismo

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DEFINICIÓN Y CRONOLOGÍA DE LAS VANGUARDIAS

 

Dali-Persistencia de la memoria-1931

Etimológicamente, vanguardia es un término de origen bélico que, en oposición a retaguardia, se refiere al ‘grupo que va en cabeza’, que abre caminos, que arriesga. En las artes, este espíritu emprendedor y explorador se materializa en una serie de movimientos experimentales conocidos con el nombre de vanguardias (en plural), que se desarrollaron aproximadamente entre el inicio de la Primera Guerra mundial (1914) y el final de la Segunda (1945). El apogeo se produce en el periodo de entreguerras, sobre todo en los felices años veinte. Las vanguardias evolucionaron en dos etapas: a) durante la etapa de prosperidad (desde la primera Guerra Mundial, 1914, hasta el crack de 1929) se produce una vanguardia alegre y confiada, proyectada hacia el futuro, que promueve una expresión depurada e intelectual, que da entrada al humor, al ingenio, al juego

y a los malabarismos verbales; b) la etapa de crisis (desde 1929 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, 1945) produce una vanguardia angustiada y comprometida, que va abandonando sus pretensiones de pureza y racionalidad por una paulatina rehumanización e implicación en la lucha social y política.

CARACTERÍSTICAS DE LAS VANGUARDIAS

El carácter beligerante de este nuevo arte se evidencia en su voluntad experimental e innovadora. Supone una arriesgada exploración de los límites del arte. Es la culminación o radicalización de las tendencias experimentales y rupturistas que se habían llevado a cabo anteriormente: desde la liberalizadora ruptura de las reglas neoclásicas propugnada por el Romanticismo hasta el formalismo esteticista del Modernismo. Se rebela contra los anquilosados modos decimonónicos y la sociedad burguesa que estos representaban. Este espíritu juvenil e iconoclasta pretende provocar, escandalizar (de nuevo épater le bourgeois). Por primera vez se niega de plano la tradición realista y se ataca la raíz de toda ella: el concepto de verosimilitud (o la voluntad de plasmar la realidad en el arte). La Vanguardia aspira a generar una nueva realidad distinta y autónoma: la obra de arte. En este sentido las Vanguardias llevan al extremo el espíritu esteticista (arte por el arte) propugnado por el Modernismo. Este nuevo “arte para minorías”, esta refinada literatura de evasión que no sabe asimilar el vulgo “consiste en eliminar los ingredientes ‘humanos, demasiado humanos’, y retener sólo la materia puramente artística”, según proclama el filósofo español José Ortega y Gasset en el ensayo significativamente titulado La deshumanización del arte de 1925.

No obstante, frente a la atracción por el pasado que prima en el arte finisecular, prevalece ahora la reconciliación con el presente y la pasión por el futuro. Se observa en este movimiento un entusiasmo por el universo urbano. La arquitectura, transformada en urbanismo, aspira a renovar por completo los conceptos estéticos. El rascacielos es el emblema de la nueva civilización. La fascinación por lo urbano y lo tecnológico deslumbró a la primera vanguardia (como el Futurismo de Marinetti), pero pronto surgirán obras que plasmarán el horror de las ciudades modernas (la película expresionista Metrópolis, 1927, de Fritz Lang, la película Tiempos modernos, 1936, de Charles Chaplin, la novela Manhattan Transfer, 1925, de John dos Passos o el libro de poemas Poeta en Nueva York, 1929, de Federico García Lorca).

Otra de las diferencias entre la cultura finisecular y el arte de Vanguardia es su concepto del lujo. Los decadentes y simbolistas sueñan con un lujo imposible: palacios, pedrerías, etc. Los vanguardistas ponen sus ojos en objetos que existen en su propio mundo aunque sólo al alcance de algunos privilegiados: automóviles, aviones, teléfonos, etc.

Finalmente, no se puede olvidar que uno de los fenómenos más importantes del arte del siglo XX es la aparición del cine, que pronto se convierte en una forma de recreo de las masas, aunque también interesó a las élites intelectuales (recordemos el film surrealista Un perro andaluz, 1929, del tándem Buñuel-Dalí). Otra de las claves de su éxito es su idoneidad para captar y expresar plásticamente otra de las obsesiones de la época: el movimiento y la velocidad.

PRINCIPALES ISMOS

La palabra ismos (en realidad el sufijo) se ha empleado para referirse a los movimientos artísticos de carácter experimental que se desarrollaron en las primeras décadas del siglo XX. Muchos fueron movimientos efímeros que se iban sucediendo unos a otros. La mayor parte se organizó en torno a un manifiesto. La lista de ismos es inmensa: futurismo, expresionismo, cubismo, ultraísmo, dadaísmo, constructivismo, suprematismo, primitivismo, imaginismo, creacionismo, fauvismo, dodecafonismo… Nosotros nos centraremos en cuatro ismos de difusión internacional (Futurismo, Cubismo, Dadaísmo y Surrealismo) y su adaptación a las literaturas hispánicas (Ultraísmo y Creacionismo).

Otra clasificación de las Vanguardias divide el cúmulo de corrientes en dos movimientos: a) los retóricos, que tienden a estilizar, depurar el lenguaje recibido (Cubismo, Futurismo, Ultraísmo, Creacionismo…) y b) los terroristas, que aspiran  a destruir las convenciones que permiten la comunicación y a plasmar el mundo interior de forma intuitiva (fundamentalmente el Dadaísmo y el Surrealismo más radical).

FUTURISMO

Es un movimiento de origen italiano encabezado por Marinetti, que publicó su Manifiesto futurista en 1909. El movimiento se desintegró en 1918. Se ha desprestigiado este movimiento por su vinculación con el fascismo de Mussolini.

Se caracteriza por su carácter provocador, rupturista y vitalista (influencia de Nietzsche). En el manifiesto se postula una curiosa mezcla de belicismo, nacionalismo a ultranza, anarquismo y machismo. El Futurismo declaró la guerra al pasado y su interés por el Futuro y el Progreso. Proclamó la belleza de las innovaciones tecnológicas: las máquinas, los rascacielos, las ciudades, los automóviles, etc. Le interesa la velocidad, el dinamismo, la fuerza, la violencia, la agresividad, el riesgo, la rebeldía, la necesidad de aventura… Además de Marinetti destaca el poeta y dramaturgo ruso Maiakovski. Junto a Burliuk y Jlebnikov publicó en 1912 Bofetada al gusto público, manifiesto fundacional del Futurismo Ruso. Después de la Revolución de 1917 fue un activo propagandista de la Revolución. Se suicidó de un tiro en el corazón en 1930.

 CUBISMO

 El Cubismo es fundamentalmente un movimiento pictórico, cuya fecha inaugural se suele establecer en 1907, cuando Picasso pintó “Las señoritas de Avignon”. Él y Bracque llevaron a cabo en pintura la superposición de planos y perspectivas simultáneamente, obteniendo figuras poliédricas, que representaban mejor un realidad no reducible a un único punto de vista, sino esencialmente multiperspectivista.

Debido a la diversidad de materiales, es difícil la traslación a la literatura de las técnicas cubistas. El nexo más significativo entre el Cubismo y la literatura es Guillaume Apollinaire, famoso por sus poemas en forma de dibujo conocidos como Caligramas (1918) y su obra Alcoholes (1913). Este autor propugnaba la eliminación de elementos anecdóticos y descriptivos, el desprecio de la verosimilitud, la yuxtaposición de diferentes planos en el poema a modo de collage, la supresión de la puntuación… Algunos de sus compañeros y discípulos (Max Jacob, Jean Cocteau, Paul Morand) acentuarían la presencia del humor.

DADAÍSMO

 Nació en 1916 en medio del desencanto y la angustia provocada por la Primera Guerra Mundial. Su creador es Tristan Tzara. La palabra dadá, con que lo bautiza su creador, es enteramente irracional, sin significado alguno. El dadaísmo es un movimiento profundamente iconoclasta. Es la mejor encarnación de lo que se ha denominado anteriormente vanguardia terrorista. El dadaísmo niega el arte, la historia, la ética, los valores… Es un movimiento destructivo y nihilista, que hizo de la irreverencia y el sacrilegio un método de creación. Declaró la guerra al lenguaje: rompe la coherencia del discurso y abre la puerta al absurdo. Contiene asociaciones disparatadas que provocan la hilaridad pero dejan un fondo patético de desazón.

ULTRAÍSMO Y CREACIONISMO

En España e Hispanoamérica se produjo un sincretismo de los movimientos de vanguardia con el llamado ultraísmo. A este movimiento pertenecieron autores menos conocidos de la Generación del 27 (Guillermo de Torre, creador y principal difusor del movimiento, Juan Larrea, Gerardo Diego, Pedro Garfias, etc. ). A la difusión de las Vanguardias en Hispanoamérica contribuyeron decisivamente las revistas literarias argentinas Proa (fundada en 1922 por Jorge Luis Borges) y Martín Fierro (1924-1927, encabezada, entre otros, por el también argentino Oliverio Girondo). Asociado al ultraísmo, el chileno Vicente Huidobro llamó creacionismo a su arte vanguardista basado en la audacia metafórica (Altazor, 1931). Un puente entre el vanguardismo libertario en la forma y la rehumanización temática lo constituye el peruano César Vallejo, autor de uno de los poemarios vanguardistas en español más importantes: Trilce (1922).

El verdadero agitador de la escena vanguardista española (él mismo ironizaba sobre la proliferación de ismos) fue Ramón Gómez de la Serna, conocido sobre todo por ser el creador de las greguerías.

SURREALISMO

 El término Surrealismo proviene del francés “surréalisme”, que literalmente significa ‘por encima de la realidad’. También se denomina  superrealismo. El término lo utilizó por primera vez Apollinaire en 1917.

El Surrealismo nació del Dadaísmo. Fue fruto de las divergencias entre Tzara y André Breton (el creador del Surrealismo), que había percibido la necesidad de superar el callejón sin salida a que llevaba el nihilismo bufo de Dadá. Lo que distingue esencialmente al Surrealismo del Dadaísmo es la voluntad creativa.

Las raíces remotas del surrealismo se remontan a los cuadros de El Bosco (entre el siglo XV y el XVI), como los famosos El jardín de las delicias y El carro de heno. El propio Breton reconoce en su Primer Manifiesto Surrealista (1924) algunos precedentes: Freud, Lautréamont, Gérard de Nerval, Jonathan Swift, Marqués de Sade, Chateaubriand, Víctor Hugo, Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Mallarme, Alfred Jarry. Este último es el precedente más claro. Es el creador de la llamada Patafísica: ciencia paródica dedicada «al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones». Es famoso también por su ciclo de dramas en torno a la grotesca figura de Ubu (Ubu Rey, 1896). Jarry se ha emparentado también con el esperpento de Valle-Inclán.

Podemos establecer tres etapas en el surrealismo: a) la primera etapa (1916-25) es la más característica del movimiento, a ella corresponde el Manifiesto Surrealista de 1924; b) en la segunda etapa (1925-1946) el Surrealismo se rehumaniza (en el Segundo Manifiesto Surrealista  de 1929), se politiza (se producen  los primeros contactos con el Comunismo), se divide (disputa entre aquellos que conciben el movimiento como puramente artístico, rechazando la supeditación al comunismo, y los que acompañan a Breton en su giro a la izquierda) y se internacionaliza; c) en la tercera etapa el Surrealismo se disuelve como movimiento tras la Segunda Guerra Mundial (aunque ejerce una notable influencia en el arte y la literatura posteriores) y se modera en el surrealismo instrumental, es decir, la elaboración consciente mediante técnicas compositivas más o menos tradicionales de los materiales provenientes del mundo del sueño y el subconsciente.

La definición de surrealismo la proporciona el propio André Breton en su Manifiesto Surrealista  (1924): “Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral “.

La principal característica del surrealismo es la voluntad de explorar y expresar el inconsciente, término acuñado (lo prefería a su sinónimo subconsciente) por el fundador del psicoanálisis Sigmund Freud. El inconsciente es la región del intelecto que no aflora a la consciencia, la cara oscura de la mente. La consciencia es la punta del iceberg que asoma a la superficie y el inconsciente es la enorme parte sumergida. Según el psicoanálisis el inconsciente influye en la personalidad y la toma de decisiones del individuo. Puede ser la clave para descifrar conductas perturbadoras, traumas o miedos irracionales. El reto es intentar acceder al inconsciente. Para ello Freud y sus seguidores emplearon técnicas como la interpretación de sueños o la hipnosis. Los psicoanalistas utilizan el inconsciente para entender el comportamiento del individuo y resolver sus problemas mentales o de conducta. Los surrealistas, como explica Breton en su Manifiesto,  trasladan las imágenes del inconsciente al mundo del arte por medio de una asociación mental libre, sin la intromisión censora de la conciencia. La exploración en el inconsciente abre una puerta a un mundo aparentemente caótico, irracional, ilógico, perturbador. Las imágenes más fructíferas para el surrealismo son las que proceden del mundo de los sueños. Este componente perturbador y onírico explica la predilección por las imágenes espeluznantes, como las mutilaciones o deformaciones del cuerpo, y la deshumanización del sujeto reducido a objeto, simbolizado con frecuencia en maniquíes, figuras de cera, muñecos destrozados…

En literatura algunas técnicas surrealistas son el collage y ensamblaje de objetos incongruentes (tomado del Dadaísmo), los poemas visuales (Max Ernst, Joan Brossa), la escritura automática y transcripción de sueños (Los campos magnéticos,1921, de Breton y Soupault), el cadáver exquisito (método lúdico de composición colectiva de un poema experimentado, sobre todo, por Desnos, Tzara, Breton y Élouard que toma su nombre de un verso surgido la primera vez que se “jugó”).

Formalmente, la libertad es casi total: se suele prescindir de la métrica y se utilizan versículos o versos libres, sin medida ni rima, únicamente sustentados por el ritmo interno; es habitual emplear procedimientos metafóricos nuevos como la imagen visionaria, definida por Bousoño como la identificación de R (plano Real) con I (Plano Imaginario) a través de una base común subjetiva y emotiva, no objetiva (p. ej.  “el niño que enterramos esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase” [F. García Lorca]); se produce una auténtica renovación léxica, sobre todo mediante la incorporación de campos semánticos nuevos.

Aunque el surrealismo surgió en Francia (André Breton, Paul Éluard, Louis Aragon, Soupault, Robert Desnos, Max Ernst, Artaud…), pronto se trasladó a otros países. En España fue cultivado por algunos autores de la Generación de 27 (Sobre los ángeles de Rafael Alberti; Poeta en Nueva York de Federico García Lorca; Espadas como labios y La destrucción o el amor de Vicente Aleixandre, quizá el más surrealista de todos; y Luis Cernuda). Uno de los mejores ejemplos de poesía surrealista en Hispanoamérica es Residencia en la tierra (1925-35) del chileno Pablo Neruda.

Además de su plasmación en la poesía, el surrealismo se aplicó especialmente en la pintura (René Magritte, Chirico, Masson, Dalí, Miró, Max Ernst, Delvaux, etc.). En el cine el Surrealismo tuvo sus máximas realizaciones en dos obras de Luis Buñuel: el cortometraje Un perro andaluz (1928, en colaboración con Dalí) y la película La edad de oro (1930). Otro ejemplo destacable es la secuencia onírica diseñada por Dalí para la película Recuerda (Spellbound, 1945) del inglés Alfred Hitchcock. En el cine contemporáneo el estadounidense David Lynch ha empleado el surrealismo recurrentemente (por ejemplo, en su ópera prima Cabeza borradora, 1977, y en algunas secuencias de Terciopelo azul, 1986 o la serie Twin Peaks, 1990-1991). Entre el surrealismo y el absurdo se mueve Terry Gilliam, que inició su carrera realizando surrealistas animaciones para la serie de humor británica Monty Python’s Flying Circus (1969) y que después se ha especializado en una estética imaginativa y lisérgica y en los subgéneros de ciencia ficción y fantasía: (Brazil, 1985, Doce monos, 1995, Miedo y asco en Las Vegas,1998, etc.)

Vanguardias-surrealismo en pdf


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