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La novela realista

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El cuarto estado-Volpedo

Volpedo: El cuarto estado

El realismo es una arte mimético, alude a la semejanza que existe entre la creación artística y el entorno. Desde Aristóteles surge una corriente interpretativa que entiende el arte como imitación (mímesis) de las acciones humanas y de los fenómenos de la naturaleza. El objetivo del arte realista –representar la realidad con verosimilitud– necesita de un proceso de observación de los detalles.  Para analizar los detalles se necesita de una observación directa de la realidad. De ahí que las obras realistas giren en torno a la sociedad contemporánea del autor, única que puede ser objeto de indagación directa. Por ello el crítico René Wellek define el realismo como “la representación objetiva de la sociedad contemporánea”[1]. Según esta perspectiva, el arte realista necesita de dos pasos esenciales en la labor representativa de la realidad: a) observación (conocimiento y análisis de la realidad) y b) ficcionalización (elección de medios lingüísticos, estilísticos y literarios idóneos para plasmar la realidad, de manera que el receptor asocie la representación literaria con la realidad que es reflejada).

El realismo como técnica basada en el reflejo de la realidad está presente en todas las épocas literarias. No obstante, es usual hablar de Realismo (con mayúsculas) para referirse a la etapa literaria conocida como Realismo decimonónico o del siglo XIX. A juicio de todos los críticos el Realismo es la realización más perfecta de la tendencia artística que busca el reflejo de su entorno (técnica realista).

El Realismo decimonónico se desarrolla en el momento en que la burguesía se atrinchera en el poder tras la Revolución Francesa, se enriquece con la Revolución Industrial y se hace conservadora. Empieza a florecer a partir de la mitad de siglo aproximadamente: en Francia después de la revolución de 1848 y en España, después de la de 1868. Se puede observar una etapa de transición entre el Romanticismo y el Realismo entre la década de los 30 y la de los 50: son los años de florecimiento de los novelistas franceses Balzac y Stendhal. Desde la década de los 70 el Realismo convive con su vertiente más radical, el Naturalismo, que entra en declive a comienzos del siglo XX, aunque aún pervive en las primeras décadas.

CARACTERÍSTICAS DE LA NOVELA REALISTA

  1. El objetivismo. La principal aspiración del Realismo es la objetividad. Esta aspiración surge en oposición a la presencia abusiva de la subjetividad y la “exaltación del yo” del Romanticismo. En efecto, el Romanticismo ponía el énfasis en la emotividad del artista, en la expresión de las emociones del héroe provocadas por las circunstancias y los elementos de la naturaleza. La realidad, de hecho, estaba distorsionada por las emociones, eran una plasmación simbólica de estados de ánimo exaltados. No es de extrañar que a situaciones anímicas extremas se asocien paisajes nocturnos o tormentosos. El Realismo, en cambio, niega la existencia de una realidad de esencias o formas que no sea accesible a la percepción ordinaria de los sentidos. Son herederos, como se verá en el punto 2, de los postulados positivistas. La realidad es observada y descrita, es algo ajeno al hombre; el hombre es un mero observador, no crea la realidad. Su arte no debe distorsionar la realidad para adecuarla a su estado de ánimo, sino simplemente describirla. En el plano individual (en el análisis de los personajes, tanto prosopográfico como etopéyico), el artista debe tratar de describir las formas o los caracteres siendo fiel a su materia de estudio, detallando sus componentes, utilizando un lenguaje preciso y exacto. Aun así, el realismo no siempre ha sido tan estricto. La perspectiva realista puede emplearse hasta sus últimas consecuencias (como el naturalismo o, en el siglo XX, el behaviorismo, el objetivismo, el nouveau roman…) o de manera más laxa o funcional. A este respecto, Villanueva[2] efectúa una interesante distinción entre dos tipos de perspectivas en el realismo: a) el realismo genético pretende reproducir con puntualidad y exactitud el mundo exterior: un teórico del realismo genético es Zola, que busca que la observación, la trascripción de la realidad predomine sobre la imaginación; b) el realismo formal o inmanente no aspira a transcribir la realidad, sino a construir una obra de arte, internamente coherente, que utiliza como material, como ‘trampolín’, lo que rodea al creador: un representante esencial de esta última tendencia es Flaubert.
  2. El sustento teórico del Realismo decimonónico es el positivismo, la doctrina fundada por Comte que se basa en el empirismo, el análisis descriptivo y no interpretativo de la materia de estudio, a partir de datos verificables en la experiencia.
  3. Reproducción de la vida real y contemporánea o del pasado inmediato, de acuerdo con el principio de verosimilitud. En oposición al Romanticismo –que huía en el espacio y el tiempo de una realidad que despreciaba y/o no entendía– las historias realistas se ubican en la contemporaneidad del autor y el lector (la burguesía)
  4. La burguesía es la protagonista de este tipo de novelas. En ellas no se excluye la crítica a esta clase social. El público al que iban dirigidas las novelas realistas pertenecía a la burguesía; esta clase social gustaba de leer estas novelas porque se sentían reconocidos, incluso en los defectos o vicios recurrentes de esta clase social: aburrimiento, superficialidad, materialismo, hipocresía, ambición, envidia, superstición, fanatismo, etc.
  5. Se pretende realizar un cuadro de costumbres de los ambientes característicos de la clase burguesa de la época, en especial los urbanos (tertulias, taller, paseo, casino, etc.) propios de las grandes ciudades, pero en ocasiones los autores optan por reflejar el ambiente aburrido, endémico y claustrofóbico de las ciudades de provincias, como sucede en las obras maestras Madame Bovary de Flaubert y La Regenta de Clarín. En general, se observa una preponderancia de la vida urbana (la ciudad representa el progreso y el campo la reacción), pero puede haber excepciones, como en las novelas de los españoles Pereda y Palacio Valdés.
  6. Profundización en el análisis psicológico de los personajes, atendiendo a sus conflictos, a su conducta, a su interioridad. Se muestra la evolución de los personajes a lo largo de la novela. Son personajes redondos. No se llega al grado de profundidad psicológica de las novelas del siglo XX, pero el camino iniciado por Cervantes en la complejidad de los personajes florece en la novela decimonónica: pensemos, por ejemplo, en la introspección en las almas atormentadas de Raskólnikov en Crimen y Castigo o Ivan Karamazov en Los hermanos Karamazov, ambas de F. Dostoievski.
  7. Predomina el narrador externo en tercera persona. Suele ser normalmente un narrador omnisciente que conoce los recovecos íntimos de sus criaturas. En ocasiones el narrador interviene en primera persona para enjuiciar o para hacer anticipaciones o retrospecciones. No obstante, algunos autores como Flaubert o Clarín reconocieron la contradicción entre la omnisciencia de la voz narrativa y el proyecto realista de reflejar la realidad con verosimilitud; pretendieron, por ello, esforzarse por introducir en sus novelas cierta impersonalidad u objetividad narrativa.
  8. El uso del estilo indirecto libre, por ejemplo, cuya paternidad se otorga a Gustave Flaubert, es una manifestación de la impersonalidad narrativa, ya que permite a la voz en 3ª persona manifestar el estado de conciencia del personaje sin intromisión de la omnisciencia. Se trata de una fusión de la voz del narrador y la voz (o pensamientos) del personaje; es una perspectiva híbrida entre el estilo directo (habla el personaje) y el indirecto (habla el narrador). El narrador se introduce tan profundamente en la subjetividad del personaje que expresa los pensamientos de éste sin diferenciarlos de la propia voz del narrador. Los pensamientos más secretos del personaje, el flujo íntimo de su conciencia, se manifiestan ante el lector de modo objetivo, sin intermediación omnisciente. El estilo indirecto libre es, en definitiva, un tipo (un precedente) del monólogo interior. La novela del siglo XX avanzará un paso más en la introspección mediante el monólogo interior y el flujo de conciencia, experimentados hasta límites audaces por James Joyce, Virginia Woolf o William Faulkner.
  9. Estilísticamente estas novelas se caracterizan por descripciones abundantes de personas, objetos y ambientes. Muchas de ellas tienen comienzos morosos, ya que en las primeras páginas o capítulos hay poca acción y mucha descripción. Es habitual comenzar las novelas con la ubicación de la acción en un espacio, focalizado, en ocasiones, progresivamente desde la ciudad a un hogar (o incluso una habitación) y con la presentación de los personajes. En ocasiones se hace un interesante uso del diálogo (como el contrapunto de Madame Bovary o los intentos de reproducir el habla coloquial de Galdós).

EL NATURALISMO

Emile_Friant_Ombres_portées_1891

Emile_Friant_Ombres_portées_1891

El Naturalismo es la aplicación a la literatura de las ciencias experimentales y el positivismo. Son evidentes también las influencias del determinismo, el evolucionismo (el Origen de las especies de Darwin es de 1859), el materialismo histórico de Marx y Engels y el utilitarismo de John Stuart Mill. Utilizando la terminología aportada por Villanueva, es la manifestación más característica del “realismo genético”, es decir, aquel que aspira a transcribir puntualmente la realidad.

Se debe al francés Émile Zola la formulación de esta nueva doctrina, cuyos principios teóricos quedan expuestos en La novela experimental (1880) y Les romanciers naturalistes (1881). Lo que pretende Zola es aplicar a la literatura el método experimental desarrollado por las ciencias. Para ello, al igual que el científico, el novelista ha de basar su experiencia literaria en varias fases:

  1. Observación. Esta fase es común a la metodología realista. No obstante, mientras el realismo llevaba a cabo el proceso de ficcionalización y verbalización de la realidad después del proceso de observación, los naturalistas aportan una fase intermedia:
  2. Experimentación. Emulando la metodología científica, el Naturalismo no se conforma con hacer una transcripción (más o menos) detallada de la cara externa de la realidad, sino que su principal objetivo es estudiarla en profundidad para formular las leyes que la rigen. Recuérdese, a este respecto, que la metodología de la ciencia se compone de las fases observación-experimentación-predicción. Es decir, si se llegan a comprender las leyes que rigen la realidad se pueden establecer predicciones acerca de cómo se comportará la misma en el futuro.
  3. Ficcionalización y verbalización.

Los naturalistas, en su afán por transcribir fielmente la realidad (con el objetivo de comprenderla), no eluden verbalizar los aspectos más sórdidos y oscuros de la sociedad. De hecho, se puede observar una delectación en la recreación pormenorizada de estos aspectos, que puede calificarse de morbosa, tremendista o feísta. En este tipo de novelas se muestran al desnudo las lacras humanas (tarados, psicópatas, viciosos…) y sociales (alcoholismo, delincuencia, prostitución…).

Como se ha apuntado, el determinismo es una de las influencias más notables de este tipo de arte. Zola cree que el hombre no puede escapar del influjo que ejercen sobre él dos grandes fuerzas: el aire y la sangre.

  1. Determinismo ambiental (aire) . El influjo del medio social sobre el individuo es inevitable. El pesimismo derivado de este factor es evidente: la imposibilidad de sustraerse de un entorno nocivo
  2. Herencia biológica (sangre). El poderoso agente socializador representado por la familia y los genes es la otra gran fuerza que rige el destino de los hombres. En muchas novelas zolescas los protagonistas están marcados por los vicios familiares (locura, alcoholismo, etc.), que tarde o temprano acaban reproduciendo.
Courbet_LAtelier_du_peintre

Courbet_LAtelier_du_peintre

El giro estético está relacionado con un cambio ideológico. Anteriormente se ha comentado que el Realismo decimonónico está asociado a la clase social protagonista del siglo XIX : la burguesía. Se denomina, por tanto, Realismo burgués. El Naturalismo radicaliza y hace más directa la crítica a la burguesía emprendida por el Realismo. Con la evolución del sistema capitalista y el surgimiento del proletariado surgen los movimientos obreros (Sindicalismo, Socialismo, Marxismo, Anarquismo), destinados a defender la nueva clase social, antagonista de la burguesía, y encaminados a establecer un nuevo sistema económico-político. El Realismo burgués se convierte en Realismo-crítico-proletario (y en Rusia en Realismo-socialista). En este contexto surge el Naturalismo, que plasma en sus novelas las posturas críticas con la burguesía y el sistema capitalista propias de los movimientos obreros, así como un marcado anticlericalismo. Por primera vez el proletariado se convierte en el protagonista de este tipo de novelas: por ejemplo, en Germinal de Zola, La espuma de Armando Palacio Valdés y en La Horda de Vicente Blasco Ibáñez.

De todas formas, es paradójico que el naturalismo crea en el determinismo en la esfera de lo individual (que conduce al pesimismo y el fatalismo) a la vez que se muestre optimista en la capacidad colectiva para el cambio social (las masas sociales son el verdadero protagonista del cambio).

NOVELA REALISTA FRANCESA

Gustave_Courbet_las cribadoras

Gustave_Courbet_las cribadoras

Stendhal y Balzac son los iniciadores del Realismo francés, pero todavía están muy influidos por el Romanticismo. Las novelas más famosas de Stendhal, seudónimo de Henry Beyle (1783-1842), son Rojo y Negro (1830) y La Cartuja de Parma. En la primera se narra la historia de Julian Sorel, un ambicioso plebeyo que fracasa en su intento por medrar y triunfar en la sociedad. Aunque el protagonista es un auténtico héroe romántico, Stendhal traza una radiografía de la hipócrita sociedad burguesa francesa. En esta novela se encuentra una de las definiciones más célebres del realismo: “La novela es un espejo que se pasea a lo largo de un camino”[3].

Honoré de Balzac (1799-1850) es el creador del ambicioso proyecto literario de La comedia humana, un conjunto de casi cien novelas interconectadas con el que pretende reflejar la realidad de su época (aproximadamente la primera mitad del siglo XIX). Conocidos son sus constantes problemas económicos asociados a una vida disoluta y derrochadora. Las acuciantes deudas obligaban al autor a componer sin cesar. El título de su proyecto remite a la Divina Comedia de Dante, pero, significativamente, Balzac prescinde de lo “divino” para centrarse en lo “humano”. Es destacable también que algunos personajes aparecen en diferentes novelas: unas veces como protagonistas y otras como secundarios. Las novelas agrupadas en este proyecto son muy variadas: las hay históricas, simbólicas (La piel de zapa) e incluso la que se considera una de las primeras novelas policiacas: Un asunto tenebroso. Las más famosas son Eugenia Grandet (1833) –una novela que influyó en Flaubert a la hora de escribir Madame Bovary–, centrada en un avaro que impide la felicidad de su hija, y Papá Goriot (1834), que, por el contrario, narra los sacrificios de un padre por satisfacer los enredos y caprichos de sus hijas.

Gustave Flaubert (1821-1880), el primer gran novelista realista francés, destaca por su ahondamiento en la psicología de los personajes y por su estilo depurado. Pasó gran parte de su vida recluido en una finca de su propiedad, consagrado a alcanzar con sus obras un ideal de perfección literaria basado en la objetividad y la impersonalidad. Sus dos grandes novelas son Madame Bovary (1857) y La educación sentimental (1869). La primera, que le costó un proceso judicial por inmoralidad, narra la vida de Emma Bovary, una aburrida mujer de un médico rural que, como don Quijote, alimenta su fantasía con lecturas de novelas sentimentales, que le llevan una serie de aventuras eróticas. Al final, abrumada por sus deudas, acaba suicidándose. La educación sentimental (1869) narra la historia de un joven burgués y de sus frustrados amores con una mujer casada.

El mencionado Émile Zola (1840-1902), el creador del Naturalismo, siguiendo el ejemplo de Balzac, escribió entre 1871 y 1893 una serie de veinte novelas, Los Rougon-Macquart, centrada en las distintas ramas de una familia. En ella se presentan los aspectos más crudos de la sociedad francesa de final de siglo (taras, alcoholismo, enfermedades, miseria). Los protagonistas suelen pertenecer a la emergente clase proletaria. Algunas de sus novelas más famosas son  La taberna (1877), Nana (1880) o Germinal (1885). Esta última, para la que se documentó ampliamente, cuenta las duras condiciones de vida de los mineros y se centra en una durísima huelga que reivindica una mejora en las condiciones de trabajo.

También en la estela del Naturalismo destaca el cuentista Guy de Maupassant, autor de algunos de los mejores cuentos realistas (“Bola de sebo”), así como de relatos de misterio, fantasía y terror (“El horla”).

NOVELA REALISTA EN INGLATERRA

Honoré_Daumier_el vagón de tercera

Honoré_Daumier_El vagón de tercera

En Inglaterra, durante la Revolución industrial, el aumento del público lector y la consolidación de la novela por entregas o folletín, vendida por capítulos a poco precio o con el periódico, fomenta que las novelas sean extensas, de estructura itinerante, llenas de suspense y normalmente con final feliz. Charles Dickens es un perfecto ejemplo de este nuevo tipo de escritor de éxito, cuyas entregas mensuales esperaban ávidamente los lectores. En su infancia, sin embargo, se vio obligado a trabajar duramente cuando su padre fue encarcelado por deudas. Sus primeras obras fueron Los papeles póstumos del Club Pickwick, de tono humorístico, y Oliver Twist, dura historia de un pobre huérfano. Una de sus obras más conocidas es Canción de Navidad, un cuento fantástico y bienintencionado en el que unos fantasmas pretenden convertir en mejor persona al gruñón Scrooge. Más adelante escribió sus mejores novelas, como la autobiográfica David Copperfield (1849-1850), Tiempos difíciles (1854), sobre la vida de los obreros, y Grandes esperanzas (1860-1861).

William Thackeray (1811-1863) publicó por entregas La feria de las vanidades (1848), visión crítica, tierna e irónica de la sociedad de su tiempo a través de una trama sentimental.

Wilkie Collins (1824-1889) se hizo famoso por sus novelas de intriga La piedra lunar y La dama de blanco.

Las hermanas Brönte llevaron una vida aislada y fueron desconocidas en su época. Sus novelas, en las que la pasión amorosa desempeña un papel fundamental, destacan por el tono misterioso y romántico. Emily (1818-1848) sólo escribió Cumbres borrascosas (1847); Charlotte (1816-1855), Jane Eyre (1847), entre otras; y Anne (1820-1849), Agnes Grey.

Thomas Hardy (1840-1928), partiendo del Naturalismo, se caracteriza por sus novelas oscuras, deterministas y pesimistas, en las que los protagonistas luchan contra un destino hostil. Sus novelas más famosas son Tess d’Uberville (1891) y Jude, el oscuro (1895).

 

NOVELA REALISTA EN ALEMANIA, ITALIA Y PORTUGAL

En Alemania, el único auténtico realista es Theodor Fontane (1819-1898), cuya novela Effi Briest (1893), emparentada con Madame Bovary de Flaubert, La regenta de Clarín y Ana Karenina de Tolstói, narra una relación adúltera en un ambiente aristocrático.

En Italia el realismo, denominado verismo, tiene su máxima realización en la obra de Giovanni Verga (1840-1922), autor de Los Malasangre (1881), que narra el hundimiento de una mísera familia marinera siciliana.

En Portugal Camilo Castelo Branco (1826-1877), autor de Amor de perdición, supone el tránsito entre el Romanticismo y el Realismo. Plenamente realista es José María Eça de Queirós (1845-1900), en cuyas novelas se analiza fría y críticamente la aristocracia (La ilustre casa de Ramires, 1897) y la burguesía (El primo Basilio, 1878, historia de un adulterio).

 NOVELA REALISTA RUSA

Jean-François_Millet_las espigadoras

Jean-François_Millet_las espigadoras

Nikolai Gogol (1809-1852) es el iniciador del realismo ruso. Es apreciado por sus cuentos o relatos cortos de temática urbana, como los incluidos posteriormente en el volumen Historias de San Petersburgo. Aquí se encuentran algunas de sus más logradas narraciones, como “El capote o El abrigo”, uno de los primeros textos en novelar la mediocridad de un funcionario en la gran ciudad, como más tarde tratarían Dostoievski en El doble, Melville en Bartleby, el escribiente o Pérez Galdós en Miau. Su obra teatral El inspector (1836), en la que denuncia la corrupta burocracia zarista, provocó un escándalo.  Dejó inconclusa –quemó el manuscrito y sólo se conserva la primera parte y un fragmento de la segunda– su obra maestra Almas muertas (1842), una radiografía irónica de la miseria del mundo rural ruso protagonizada por un estafador que alega tener siervos que en realidad han muerto.

Iván Goncharov (1812-1891) es el autor de Oblómov (1851), un retrato de un entrañable rentista perezoso y apático que simboliza uno de los defectos prototípicos del espíritu ruso y que dio nombre a esta actitud: oblomovismo.

Iván Turgeniev (1818-1883), rico y noble, viajó por Europa y trabó amistad con varios escritores franceses. Quizá su obra más conocida es su retrato de los nihilistas Padres e hijos (1862).

Fiodor Dostoievski (1821-1881) se caracteriza por el planteamientos de problemas existenciales y por la complejidad psicológica de sus personajes. Su experiencia en la prisión siberiana se refleja en Apuntes de la casa de los muertos (1862). En Apuntes del subsuelo (1866) aparece una figura prototípica de este autor, el neurótico. Una de sus obras maestras es Crimen y castigo (1866), una novela sobre el arrepentimiento: el absurdo crimen de Raskólnikov lo sume en tremendos remordimientos.  El idiota (1869) narra la historia de un bondadoso personaje que fracasa en su intento de redimir a una mujer por amor. Los hermanos Karamazov (1880) es un análisis de la ambigua complejidad del alma humana a través de una familia dominada por un brutal padre que acaba siendo asesinado.

Lev Tolstói (1828-1910) escribió en su juventud una autobiografía en tres partes (Infancia, adolescencia, juventud). Su primera obra maestra es la monumental Guerra y paz (1863-1869), crónica de las campañas de Napoleón en Rusia a través de los avatares de dos familias nobles. La segunda es Ana Karenina (1877), historia de una pasión amorosa que lleva a la protagonista al adulterio y al suicidio. Junto al fino análisis psicológico destaca la crítica al puritanismo de las convenciones sociales. Tosltói sufrió una crisis existencia en su vejez y, sintiéndose culpable por sus riquezas y orígenes aristocráticos, se desprendió de sus posesiones, se dedicó él mismo a labrar sus tierras y alfabetizar al pueblo y acabó huyendo de su casa a los ochenta y un años para morir sólo en una remota estación de tren. Esta transformación lo convirtió en un referente para el pacifismo e incluso el anarquismo. También influyó su particular lectura del cristianismo, evidente en su última gran novela, Resurrección (1899). En esta última etapa de su vida escribió tres excelentes novelas cortas: La muerte de Ivan Ilich (1886) y La sonata a Kreutzer (1889) y Hadzhi Murat.

Hacia fin de siglo sobresale el cuentista y dramaturgo Antón Chéjov, frecuentemente relacionado con el naturalismo (La dama del perrito, El pabellón número 6).

LA NOVELA REALISTA EN EEUU

 Nathaniel Hawthorne (1804-1864) explora en sus novelas (La letra escarlata, 1850) el tema del pecado y el mal, tan obsesivo para la religión puritana.

Herman Melville (1819-1891) es el autor de Moby Dick (1851), la épica y obsesiva persecución de la gran ballena blanca. Melville destaca también en la narrativa corta, como en la mencionada Bartelby, el escribiente, relato prekafkiano sobre un oficinista.

El más importante de los narradores de fin de siglo es Samuel L. Clemens (1835-1910), que adoptó el seudónimo Mark Twain. Fue piloto de río en su Missouri natal y buscador de oro antes de convertirse en periodista y conferenciante. Sus mejores novelas son Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y su continuación, aún mejor, Las aventuras de Huckleberry Finn (1884). Las andanzas picarescas de sus juveniles protagonistas reflejan los problemas sociales y raciales de la sociedad americana.

Jack London, autodidacta, socialista, buscador de oro y alcohólico, es el autor de un buen puñado de novelas de aventuras, entre las que destacan los relatos protagonizados por perros-lobo en las salvajes tierras de Alaska: La llamada de lo salvaje y Colmillo blanco.

EL REALISMO-NATURALISMO EN LA NOVELA ESPAÑOLA

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En España la Revolución de 1868 es el acontecimiento político que condiciona el triunfo del Realismo, que tendrá su máximo esplendor durante la Restauración –que supone el verdadero afianzamiento de los postulados burgueses–, especialmente entre 1880 y 1890.

Se suele considerar la novela La gaviota (1849) de Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber) la obra iniciadora del realismo en España, pero esta novela no deja de ser un cuadro de costumbres (en el que abundan las descripciones de la realidad) asociado al romanticismo, con alta carga moralizadora conservadora y reaccionaria.

Antes de 1880 destaca José María de Pereda, que empezó su andadura escribiendo cuadros de costumbres en los que se idealiza la vida rural (Escenas montañesas, 1864, Tipos y paisajes, 1871) y floreció con novelas realistas en las que se evoca idílicamente la región montañesa de Cantabria (Sotileza, 1885, Peñas arriba, 1895). Otro reconocido novelista asociado al realismo (pero que presenta una realidad idealizada, depurada de los aspectos más “feos”) es Juan Valera, autor de Pepita Jiménez (1874). La novela de tesis (en la que el autor pone al servicio de sus ideas morales la trama argumental) es un nuevo eslabón hacia la eclosión realista posterior a 1880. En la década de los 70, un joven Galdós publica una serie de novelas primerizas con propósito crítico y moralizante (Doña Perfecta, 1876). Otro autor destacable de este tipo de novelas es Pedro Antonio de Alarcón (El sombrero de tres picos, 1874).

La plenitud del realismo se produce desde la publicación de La desheredada (1881) de Benito Pérez Galdós. Al novelista canario debemos la modernización y desarrollo de las novelas realistas, que en pocas décadas consigue poner a la altura de las mejores novelas europeas del siglo XIX. Por una lado escribe su larga serie de novelas de sucesos contemporáneos (novelas basadas en la historia reciente): Los episodios nacionales (toda una crónica de la España de la Restauración). Por otro, compone en la década de los 80 y los 90 sus mejores “novelas contemporáneas”: Fortunata y Jacinta (1886-1887). Además, es uno de los primeros introductores del naturalismo zolesco con la mencionada La desheredada.

El naturalismo en la novela española no es tan radical como en la francesa (basada en los postulados de E. Zola), ya que aquélla repudia el determinismo de ésta. Una autora asociada al naturalismo es la gallega Emilia Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa, 1886). Una de las obras más cercanas al naturalismo es La espuma (1890) de Armando Palacio Valdés. Asociado a este movimiento también se encuentra el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, famoso por sus novelas regionalistas de temática valenciana (Cañas y barro, 1898, La barraca, 1902), pero que intenta imitar a Zola en obras como La horda (1905), compuesta durante la época en la que era diputado republicano, en la que hace una brutal radiografía de los desposeídos de los bajos fondos madrileños de principios del siglo XX. Se trata de una obra emparentada con la trilogía de Pío Baroja La lucha por la vida.

En la última década el realismo deriva en una preocupación por la psicología y la moralidad de los personajes: estamos ante el llamado “realismo espiritualista” (Misericordia, 1896, de Galdós).

La obra maestra del realismo-naturalismo español es La Regenta (1884-1885) de Leopoldo Alas “Clarín”. Esta extensa novela debe mucho a Madame Bovary de Flaubert. Además, “Clarín” introduce en la novelística española la técnica flaubertiana del estilo indirecto libre. La Regenta se desarrolla en Vetusta (trasunto simbólico de Oviedo). El tratamiento del complejo personaje de Ana Ozores, la protagonista, es uno de los grandes aciertos de la novela. Está infelizmente casada con Víctor Quintanar y es cortejada por el galán don Álvaro Mesía y su guía espiritual, el enigmático magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Cede al adulterio con don Álvaro; don Fermín, al enterarse, reacciona airado contándoselo al marido de Ana. Después de un duelo, Mesía mata a Quintanar y huye. Ana Ozores, viuda y enferma, decide volver a sus prácticas religiosas y pedir perdón al magistral. Éste reacciona de forma violenta, ella se desmaya y la obra termina con un enfermizo beso. Se puede efectuar una doble lectura de la obra: una psicológica, según la cual se trata de una historia de una frustración y una liberación erótica que exalta lo vital; otra sociológica, una crítica de las mezquindades, la hipocresía, la ociosidad y la rutina de una ciudad provinciana –Oviedo– o de toda la sociedad española de la Restauración. También se critica las lacras morales de todos los estamentos sociales, en especial el clero.

La otra novela de Clarín es Su único hijo (1891), eclipsada por la obra maestra La Regenta. Finalmente, hay que destacar su importante labor como cuentista. Los más importantes son Pipá (1886), Doña Berta, Cuervo, Superchería (1892, tres novelas cortas), El señor y lo demás son cuentos (1893, en él se incluye el célebre “¡Adiós, Cordera!”) y Cuentos morales (1896).

Novela realista en pdf

MATERIAL COMPLEMENTARIO

Locura y rebeldía en “EL pabellón nº 6” de Anton Chéjov y Alguien voló sobre el nido del cuco

 

BIBLIOGRAFÍA

PEDRAZA JIMÉNEZ, Felipe y RODRÍGUEZ CÁCERES, Milagros: Las épocas de la literatura española, Barcelona, Ariel, 1997

Web Hiru.eus [http://www.hiru.eus/literatura/literatura-europea-de-los-siglos-xviii-y-xix]

 

[1] WELLEK, René: “El concepto de realismo en la investigación literaria”, en Conceptos de crítica literaria, Caracas, Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, 1968.

[2] VILLANUEVA, Darío: Teorías del realismo literario, Madrid, Instituto de España-Espasa-Calpe, 1992

[3] Y continúa así la cita: “Ora refleja ante nuestros ojos el azul de los cielos, ora el fango de los charcos del camino. ¿Por qué acusar de inmoral al hombre que lleva el espejo en su mochila? ¡Su espejo muestra el fango, y acusáis al espejo! Acusad más bien al largo camino donde se encuentra el charco, o mejor aún al inspector de caminos que deja que se encharque y se forme el fango” (Stendhal, Rojo y negro, Madrid, Alianza, 1983, pág. 410). La frase parece ser que la toma de Saint-Real, un novelista francés del siglo XVII.


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