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Modernismo y 98 en “Luces de bohemia”

Conversaciones en el Castillo

Archivo del Castillo

La figura de Valle-Inclán ha sido siempre difícil de encasillar en las diversas corrientes de la literatura finisecular española. En algunos sentidos este autor parece la quintaesencia del Modernismo; algunas de sus obras, en especial las de su juventud y las Sonatas, son las mejores manifestaciones del Parnasianismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo en España, movimientos todos ellos formalistas, anti-realistas, exquisitos y minoritarios. No obstante, muy pronto se le relacionó con la llamada Generación del 98 –preocupada por regenerar España, sobre todo después del Desastre del 98–. En efecto, en una serie de artículos que Azorín publicó en el diario ABC entre 1910 y 1913 popularizó la etiqueta “Generación de 1898”; en uno de ellos ofrecía la nómina de integrantes de esta generación: además de Azorín mismo, incluía a Valle-Inclán, Baroja, Unamuno, Maetzu, Benavente y Darío.  Posteriormente, el poeta y crítico literario Pedro Salinas acuñó la expresión “hijo pródigo del 98” refiriéndose a Valle-Inclán.

¿Valle-Inclán es, pues, modernista o miembro de la Generación del 98? Esta pregunta parte de la premisa de que la literatura finisecular española estaba escindida en dos corrientes, casi antagónicas: el Modernismo y la Generación del 98. Sin embargo, es un error simplificar la literatura española de Fin de siglo en dos corrientes antagónicas y clasificar a los autores en una u otra, ya que, en primer lugar,  ambos términos cobran sentido en el mismo contexto histórico, social, filosófico y estético del Fin de Siglo, del comienzo de la época de la Modernidad. En segundo lugar, un mismo autor puede pertenecer a ambas corrientes, bien porque evolucione desde el Modernismo hasta la Generación del 98 –como sucede con Valle-Inclán e, incluso, con Antonio Machado– o bien porque su estética combine rasgos modernistas con preocupaciones noventayochistas.

Una solución a la dicotomía Modernismo-98 es emplear el término Modernismo en sentido epocal, como la manifestación artística de la época de la Modernidad o de la Crisis de Fin de Siglo. Todos los artistas de fin de siglo comparten las mismas coordenadas estéticas, sociales e incluso filosóficas, comunes a los países occidentales y a las principales manifestaciones artísticas –no sólo literarias– de la Modernidad: la crisis de la fe en la Ciencia, el Progreso, el Positivismo y el Capitalismo; la Secularización, esto es, el progresivo desprendimiento de los componentes religiosos de la sociedad; el auge de las grandes ciudades y los problemas asociados a ellas, como el spleen del que habla Baudelaire o el estrés y el hastío; el nuevo papel del intelectual y el artista; los fenómenos de la Bohemia y el dandysmo; etc. Además, es un síntoma del cansancio del realismo decimonónico el afán de renovación artística, de enriquecimiento del lenguaje y de experimentación con innovaciones técnicas y estilísticas.

En definitiva, los artistas de Fin de Siglo comparten una misma actitud y un mismo lenguaje. La diferencia que podemos establecer entre los autores españoles de Fin de siglo estriba en la preocupación por los problemas de España. Los autores del Modernismo (entendido como época literaria de la Modernidad asociadas con la Crisis de Fin de Siglo) que muestran en sus obras esta preocupación por la realidad española y la necesidad de regenerar el país podemos clasificarlos con la etiqueta de Generación del 98. Los escritores que predominantemente muestran esta preocupación en sus obras fueron Unamuno, Baroja y Azorín.

Teniendo en cuenta las anteriores precisiones sobre el Modernismo y la Generación del 98, vamos a intentar rastrear los rasgos modernistas y noventayochistas en una de las principales obras de Valle-Inclán: Luces de bohemia. Lo haremos en diferentes niveles:

a) En la evolución de la obra de Valle-Inclán. Las obras de juventud (en general hasta 1920) son plenamente “modernistas”, en el sentido de esteticistas y alejadas de la realidad social. A partir de 1920 y, especialmente, desde la primera publicación de Luces de bohemia en ese año, Valle-Inclán aborda en sus obras la problemática social y política españolas. En Luces de bohemia, como veremos, hay numerosas referencias a hechos históricos de las primeras décadas del siglo XX (el final de la Restauración). Podemos resumir diciendo que la obra valleinclaniana evoluciona desde el esteticismo modernista de su juventud a la preocupación por la regeneración del país típicamente noventayochista desde Luces de bohemia. Este esperpento es, pues, un punto de inflexión en la evolución de su obra.

b) En el género del esperpento. Luces de bohemia es la primera obra calificada por el autor como esperpento. El mismo Valle-Inclán se encarga de explicar este nuevo género. Lo hace en la escena XII del drama, en una famosa conversación entre Max y Don Latino; en una entrevista para el diario ABC y en sus esperpentos reunidos en el volumen Martes de carnaval. Podríamos resumir diciendo que el esperpento es la deformación grotesca de la realidad, producida por el distanciamiento del creador respecto a sus personajes (vistos desde “el aire”), lo cual provoca la deshumanización de las criaturas. El esperpento es un estilo o lenguaje distorsionador que acaba conformando de la mano de Valle-Inclán un género teatral. Pero, además, el esperpento es, sobre todo, una cuestión de perspectiva. El distanciamiento que provoca la deshumanización tiene una voluntad fundamentalmente crítica con la realidad sometida a la deformación sistemática. Esta deformación sirve para poner de manifiesto –exagerando sus rasgos, como en una caricatura– los problemas de la sociedad. Y los problemas de la sociedad esperpentizados en Luces de bohemia se corresponden con los últimos años de la Restauración: corrupción política (el Ministro promete un sueldo a su amigo de la infancia Max), protestas callejeras (enfrentamientos con la policía, reivindicaciones obreras y represiones patronales y de la policía), etc. El esperpento sirve, en definitiva, para poner de manifiesto los problemas de España. España –nos dice Valle-Inclán con su esperpento– necesita cambiar, regenerarse. Esta postura es la que defienden los miembros de la Generación del 98.

c) En los personajes del drama. Luces de bohemia es un drama itinerante. Valle-Inclán aprovecha el paseo –un verdadero descenso a los infiernos– de Max y Don Latino por las calles de Madrid para presentarnos a una variopinta galería de personajes. La mayoría de ellos pertenece a las clases populares e incluso al subproletariado y mundo marginal madrileño. Esta focalización en personajes de este tipo (chulos, borrachos, prostitutas, la fauna humana de la Taberna de la Pica-Lagartos…) tiene un evidente afán de caricatura de la realidad social española de la época. Esta es una actitud que podemos calificar de noventayochista. Noventayochista es también la voluntad del autor de pasear el espejo cóncavo esperpentizador por las diferentes capas sociales. En efecto, además del mundo marginal madrileño, se caricaturiza la burguesía, la administración, las fuerzas de seguridad, la política y los poetas y el mundo de la Bohemia. Los poetas modernistas, con su actitud, un tanto impostada, de épater le bourgeois tampoco escapan del esperpento. No obstante, si bien esta esperpentización de los modernistas y bohemios madrileños de la época podemos asociarla con el noventayochismo, debemos tener en cuenta que uno de los temas de la obra es poner de manifiesto (a través del protagonista Max Estrella, paradigma del bohemio modernista) la penosa situación de algunos poetas modernistas, marginados, sin modo de subsistir, olvidados y sin un sitio en la sociedad. Los artistas malditos del Parnasianismo y Simbolismo franceses de la segunda mitad del siglo XIX (Baudelaire, Verlaine, Rimbaud…) tienen su correlato hispánico en figuras como Alejandro Sawa, el modelo real inspirador de Max Estrella, que murió ciego, loco, solo y en la miseria. Como se desprende de la obra: España no cuida de sus mejores poetas. Tengamos en cuenta que el propio Rubén Darío (personaje real que fue el principal introductor del Modernismo en España) muestra su respeto en la obra a Max Estrella. Valle-Inclán también es un modernista. Respeta esta actitud, corriente o estética renovadora. La muerte –trágica en el fondo y esperpéntica en la forma– de Max, el último gran modernista, representa el final del Modernismo en España.

d) En los temas. Además del periplo nocturno y la muerte de Max, el drama desarrolla otros temas subyacentes. Los principales son: a) la crítica al poder; b) el problema de España; c) la miseria y los problemas sociales; d) la muerte y la religión; e) la Bohemia y el Modernismo. El último tema ya se ha comentado en el apartado anterior. Los tres primeros entran de lleno entre las principales preocupaciones de la Generación del 98. La necesidad de regeneración de España –atrasada, improductiva, con una industria caduca, analfabeta, supersticiosa, etc.– era una de las constantes del fin de siglo. Unamuno ya hablaba de la necesidad de europeizar España. Por otra parte, una de las principales figuras del regeneracionismo fue Joaquín Costa, autor del ensayo “Oligarquía y caciquismo” (1901). Los intelectuales de principios del siglo XX ya están cansados del inmovilismo y la corrupción política institucionalizada con la Restauración (y sus pucherazos). Esta crítica a la “oligarquía”, el “caciquismo”, la corrupción y el abuso de poder está muy presente en Luces de bohemia. El ministro es un ejemplo de político de la Restauración. Pero, además, el abuso de poder es otra de las constantes de la obra. Los poderosos no necesitan tener el poder económico o político, sino sólo el poder moral o el poder para influir o someter a los otros a su voluntad. Los poderosos son los que explotan a los demás o son cómplices de la explotación del Poder político y económico. En la obra, representan este tipo de “poder” el Ministro, el librero e incluso don Latino, que engaña y se aprovecha de Max. Las víctimas del poder son los personajes “trágicos” de la obra: el preso catalán ejecutado, la madre y su niño muerto en las reyertas callejeras y Max Estrella. La miseria está muy presente en la obra, empezando por la familia de Max Estrella. La ciudad vive constantes tumultos callejeros, protestas sociales, reyertas callejeras duramente frenadas por la policía. La gente está descontenta y enfadada. Los patrones se han organizado para frenar las huelgas y las arengas sindicalistas. Se encarcela a los revolucionarios proletarios, e incluso se los puede fusilar impunemente bajo el pretexto de intento de fuga, como sucede con el preso catalán de la obra. Finalmente, el tema de la muerte sobrevuela la obra –y la figura de Max–  constantemente, abre y cierra el drama con las referencias al suicidio colectivo y produce un desgarro en el corazón con la madre llorando a su hijo muerto en las reyertas callejeras. La religión era uno de los aspectos sobre el que reflexionaron con asiduidad los autores del 98, en especial Unamuno, angustiado toda su vida entre el agnosticismo y la fe. En un interesante diálogo en la librería de Zaratustra se habla de la necesidad de reformar las instituciones religiosas, cambiar el modo de vivir la religión y terminar con los fanatismos absurdos y las supersticiones.

e) En el personaje de Max Estrella. Max es un personaje que cambia con los acontecimientos: durante su descenso a los infiernos va abandonando su postura egocéntrica (su problema personal) a medida que va conociendo la realidad esperpéntica del país (problema social o nacional). En efecto, los problemas personales de Max se agravan cuando se queda sin trabajo; necesita dinero: sale a deshacer el trato con el librero, que le ha estafado; empeña su capa para conseguir unas monedas con las que pagar un billete de lotería; sale a la calle para recuperarlo con la corazonada de que pueda salir premiado. En su recorrido por la ciudad toma conciencia de que su propia historia personal (la historia de un poeta fracasado, de un loser, al más puro estilo americano) no es nada comparada con el fracaso nacional y los problemas sociales: peleas callejeras, un anarquista altruista e idealista fusilado, una madre que pierde a su hijo en un tumulto callejero con la policía… Observamos una evolución del yo al nosotros, un tránsito del individualismo al compromiso humano, social y político. Una evolución parecida podemos observar en la obra de Valle-Inclán: del Modernismo esteticista y decadente a la estética crítica del esperpento asociada con la Generación del 98.

f) En el lenguaje. Luces de bohemia es un prodigio lingüístico. En la obra convive el registro culto –y cultista–, repleto de latinismos y referencias mitológicas, con el lenguaje de la calle y del mundo marginal. Además, en su proceso esperpentizador, Valle-Inclán experimenta constantemente con el lenguaje, creando neologismos o fusionando expresiones, proponiendo interesantes engendros híbridos como la famosa exclamación de Max: “Yo también chanelo el sermo vulgaris“. En ella conviven un latinismo y un término jergal popular.

Esta consciente voluntad de estilizar el lenguaje, jugar con las palabras y fusionar registros es una de las características del Modernismo. No obstante, la voluntad esteticista y elitista de esta corriente tampoco escapa al esperpento y su omnímoda voluntad distorsionadora. Incluso las cultistas y pedantes conversaciones con los modernistas (y con el librero y Don Peregrino Gay en la librería de Zaratustra) se nos muestran como ridículas, irónicas y grotescas.

Por otra parte, el drama de Valle-Inclán contiene altas dosis de poesía, empezando por las acotaciones. La preponderancia del componente lírico, la fusión de géneros y el empleo abundante e innovador de figuras retóricas (Luces de bohemia abunda en metáforas, imágenes visionarias, personificaciones, cosificaciones, antítesis, paradojas, ironías…) son rasgos característicos del Modernismo. Y es que el esperpento, que hemos relacionado por su voluntad crítica y su interés por la problemática social con la Generación del 98, es en el fondo una innovadora revolución estilística y lingüística heredera de los renovadores postulados del Modernismo. En fin, como hemos ido viendo a lo largo de este ensayo, Modernismo y Generación del 98 son conceptos complementarios y pueden convivir en una misma obra y un mismo autor enriqueciendo a ambos.

Versión Modernismo y 98 en Luces de bohemia en pdf

Recomiendo el visionado de la adaptación cinematográfica de Luces de bohemia realizada por Miguel Ángel Diez en 1985. El guión es de Mario Camus. Francisco Rabal como Max y Agustín González como Don Latino están estupendos:


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