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La Biblia y su repercusión literaria

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La palabra ‘Biblia’, derivada del griego βιβλια, ‘los libros’, es una colección de libros –una verdadera biblioteca, un libro de libros– considerados sagrados por las religiones judía y cristiana. La Biblia se forjó lentamente: entre el siglo XIII y el X a.C la transmisión fue fundamentalmente oral. La tradición escrita se inició en el siglo X a.C, coincidiendo con la época de los reyes-jueces David y Salomón, y concluyó en el II d.C. Diversos autores, estilos y épocas acabaron forjando el texto definitivo: podemos decir, pues, que es la obra de todo un pueblo. Actualmente la Biblia cristiana se divide en dos partes: el Antiguo Testamento (AT en adelante), escrito originariamente en hebreo y arameo, que recoge la historia, las tradiciones y las creencias de Israel; y el Nuevo Testamento (NT en adelante), redactado mayoritariamente en griego, que trata sobre la vida y obra de Jesús y que se ha convertido en modelo de conducta para los cristianos.

La Biblia es un libro clave para la cultura occidental, ya que contiene el núcleo moral, la visión del mundo y la concepción de la vida predominantes en Occidente. Tanto para creyentes como para no creyentes, la episteme[1] judeo-cristiana fraguada a partir de la Biblia es el referente ineludible, y a menudo inconsciente, a partir del cual constituimos gran parte de nuestros juicios morales y referentes estéticos. En efecto, la influencia de la Biblia en el arte y la literatura universales es determinante en todos los sentidos; de tal forma que una gran parte del fondo mítico y la imaginería (símbolos, metáforas, etc.) remiten a la Biblia. Además de su inmensa influencia en las creencias religiosas del hombre a lo largo de miles de años, la Biblia nos ha proporcionado un repertorio extensísimo de historias con reflejo en diferentes géneros literarios (épicos, narrativos, epistolares, de viajes, dramáticos, líricos, proféticos, proverbiales, etc.), siendo especialmente variados los relatos procedentes del AT, que a su vez posee muchas influencias de sus vecinas literaturas orientales.

Transmisión del texto

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El sueño de Jacob, por José de Ribera

La Biblia es el libro más editado de todos los tiempos: un auténtico longseller. A lo largo de la historia se han efectuado múltiples copias manuscritas, ediciones impresas (la primera la realizó Gutenberg en 1455) y traducciones a la mayor parte de lenguas conocidas. Los manuscritos más antiguos están escritos en diferentes lenguas y tienen procedencias diversas. Las copias más antiguas fueron descubiertas en 1947 en unas grutas en Qumrán, al oeste del Mar Muerto: son los llamados Manuscritos del Mar Muerto, un conjunto de 800 escritos en hebreo y arameo relacionados con la secta judía de los esenios (con los que se ha relacionado a Jesús de Nazaret). La antigüedad de los textos oscila entre el 250 a.C y el 66 d.C. Entre otros documentos, los manuscritos contienen la Tanaj o AT. Una de las copias más antiguas e importantes del AT (que fue seguramente la que utilizaron los autores del NT) es la Septuaginta o Versión de los 70. Es una traducción de las escrituras hebreas del AT al Griego, hecha en Alejandría por 70 eruditos judíos (algunos entendidos dicen que 72) cerca del año 250 a.C.

La versión más famosa de la Biblia es la llamada Vulgata (de vulgata editio, edición para el pueblo), una traducción al latín efectuada por Jerónimo de Estridón (San Jerónimo) a principios del siglo V como encargo del papa Dámaso I en 382. Hasta 1979 (sustituida por la Neovulgata) ha sido la edición oficial de la Biblia para la Iglesia católica, refrendada en el Concilio de Trento en 1546.

 

Estructura de la Biblia y libros más influyentes en la literatura

Se enumeran a continuación los principales libros que conforman el AT y el NT. Se analizan con más detalle los textos que han tenido una influencia mayor en la literatura o bien poseen estimables cualidades literarias.

 El Antiguo Testamento

El AT, Tanaj para los hebreos, fue escrito en hebreo, arameo y griego por diversos autores a lo largo de varios siglos. Está formado por 46 libros para la iglesia católica, 39 para la protestante y 51 para la ortodoxa. En este inmenso libro considerado sagrado por el

Judaísmo, el Cristianismo y el Islam se desarrollan múltiples géneros y recursos literarios. A continuación presentamos un breve comentario de los principales libros agrupados en bloques.

El Pentateuco está formado

por los cinco primeros libros del AT: son los “cinco rollos” o “cinco estuches” que forman la Torá (la ley de los Judíos). Algunos estudiosos agrupan el Pentateuco con el resto de libros históricos, pero dada su importancia y singularidad es usual considerar los cinco primeros libros como una unidad.

  1. El relato de la creación del mundo y del hombre narrado en el Génesis está emparentado con los mitos cosmogónicos de diferentes culturas. En la griega, por ejemplo, Hesíodo narra en su Teogonía cómo del caos surgen los dioses primigenios (Gea, Eros, Urano, etc.). La cosmogonía bíblica tiene la particularidad de que antes del caos o de la nada ya existía Dios y es él el único (monoteísmo) creador del mundo. Otra particularidad del relato bíblico es la creación a partir de la palabra: Dios crea las cosas cuando las nombra: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. (Génesis, 1.1-1.3). En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron (Evangelio según San Juan, 1.1-1.5). La creación del hombre (Adán y Eva) a partir del barro que se narra en la Biblia es común a las antropogonías de otros pueblos: recordemos la historia de Prometeo de la mitología griega, pero también la creación de los hombres narrada en el Poema de Atrahasis sumerio (milenio II a.C.). De influencia sumeria es también el relato del diluvio universal como castigo de los dioses a los hombres. Los demás relatos del Génesis también han motivado innumerables obras artísticas: la historia de Caín y Abel, la de la Torre de Babel y la del patriarca Abraham y sus descendientes hasta la muerte de José en Egipto.
  2. El Éxodo cuenta la salida de los israelitas de Egipto por obra del libertador y fundador de la nueva alianza, Moisés. Se relatan los episodios de las plagas, los portentos divinos, el decálogo de leyes, el becerro de oro y el tabernáculo de Sinaí, entre otros. También ha sido un libro muy influyente en el arte, e incluso el cine (Los diez mandamientos, por ejemplo).

  3. El Levítico es un manual litúrgico pormenorizado sobre el sacerdocio y los sacrificios.
  4. El libro de los Números realiza un censo de tribus en el Sinaí y narra la llegada frente a la ciudad de Jericó, las rebeliones contra Moisés y las nuevas leyes de éste.
  5. El Deuteronomio incluye tres discursos de Moisés recordando los acontecimientos del pasado y transmitiendo nuevas leyes. Cuenta además su muerte y la elección del nuevo guía, Josué.

Los LIBROS HISTÓRICOS cuentan la historia de la humanidad y el pueblo judío desde la muerte de Moisés hasta la rebelión macabea contra el helenismo: la guerra contra Asiria, la invasión de los babilonios de Nabucodonosor II, la ascensión de los jueces como Rut y Sansón y el período de los reyes Saúl, David y Salomón. Los principales libros históricos son los de Josué (conquista y división de la tierra prometida), Jueces (varios jueces o líderes militares rescatan a la nación de Israel), Rut (hermoso relato sobre el amor y los deberes familiares), Samuel (la historia primitiva de Israel que incluye los reinados de Saúl y David), Reyes (desde el reinado de Salomón hasta la destrucción de Jerusalén). En total son doce libros. Las historias de Judit, Ester y Tobías son verdaderas “novelas ejemplares”, por lo que pueden incluirse también entre los libros sapienciales y poéticos.

En el grupo de los LIBROS SAPIENCIALES Y POÉTICOS se incluyen algunos de los textos con más valor literario del AT:

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    El libro de Job es uno de los textos más poéticos e influyentes. Es un poema dramático que se centra en el tema del sufrimiento humano: Job es un hombre justo, temeroso de Dios, honrado y rico puesto a prueba por Dios sin que se le achaque ninguna culpa. Job lo pierde todo: hijos, amigos, riquezas… Job pregunta a Dios cuál es la causa de todos los males que padece y, aunque desesperado, cree que lo salvará. Job es el prototipo de la resignación: a pesar de las innumerables calamidades sufridas, acepta con resignada paciencia los inescrutables designios de Dios.

  • Los Salmos son 150 composiciones poéticas, verdaderas oraciones en verso, atribuidas al rey David –también poeta y músico– y otros. Están destinadas a ser cantadas con el acompañamiento de un instrumento (cítara, lira o arpa), y sus temas frecuentes son la alabanza a Dios, la acción de gracias y las lamentaciones humanas. Estilísticamente se caracterizan por el uso del paralelismo.
  • El Libro de Los Proverbios está compuesto por textos breves (reflexiones y pensamientos basados en la experiencia) escritos en forma de aforismos, sentencias, paradojas, comparaciones, paralelismos, etc. Este libro, de clara finalidad didáctica y moralizadora, también se ha atribuido a Salomón, aunque se concluyó después de su muerte. Muchas sentencias se dictan desde la vejez, dirigidas a la juventud. Los valores transmitidos en los proverbios han sido ampliamente asimilados por la sociedad occidental: “Feliz el que encuentra sabiduría, el que alcanza inteligencia, pues es más rentable que la plata, más provechosa que el oro”. “No pleitee con un hombre sin motivo, si no te ha hecho ningún mal”.
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    El Eclesiastés –también atribuido a Salomón, pero compuesto mucho tiempo después– es un canto monologado en el que se reflexiona sobre el sentido de la vida y se concluye que la única certeza es la muerte. Con un tono marcadamente existencial reflexiona sobre la fugacidad de los placeres, la incertidumbre del conocimiento, la futilidad de los esfuerzos y bienes de los hombres, la caducidad de todo lo humano y las injusticias de la vida. Es uno de los libros más citados de la Biblia. A pesar de ser uno de los textos más difundidos e influyentes –no sólo en la literatura, sino en la sabiduría popular occidental– ha sido interpretado de maneras contradictorias, quizá por citar fuera de contexto algunas sentencias del libro. Se ha dicho de él que es un libro pesimista y estoico (quizá la impresión más generalizada), pero también se ha relacionado con el cinismo y el epicureísmo. De hecho, uno de los pasajes más famosos parece anticipar el carpe diem horaciano: Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras.(…) Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol. Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas (Eclesiastés: 9:7-10). No obstante, en el mismo texto se gesta el famoso tópico literario vanitas vanitatis: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”, y también las famosas frases “nada nuevo hay bajo el sol”, “nada tiene sentido”, “lo que fue, eso será”.

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    El Cantar de los cantares es una colección de poemas –atribuidas al rey Salomón, pero seguramente compuestas mucho después, ha. el s. IV o III a.C– de contenido amoroso en forma de diálogo entre dos enamorados –el amado y la amada– en un ambiente pastoril y parecido al de la poesía bucólica griega. Es una canto al amor, a la pareja y al placer. El tipo de relación que se describe es claramente erótica, pero se suele entender como una alegoría de las relaciones de Dios con su Iglesia o su pueblo o de una unión mística del alma con Dios. La reelaboración más famosa (y seguramente más bella) de este texto en la literatura española es el Cántico espiritual  de San Juan de la Cruz, pero también podemos observar sus huellas en Ramon Llull, Fray Luis de León, Jorge Guillén, Pablo Neruda, etc.

  • Cierran este repertorio el libro de Sabiduría y el Eclesiástico.

Los LIBROS PROFÉTICOS se suelen dividir en dos grupos: profetas “mayores” y “menores”. Los profetas de Israel eran considerados los intermediarios entre los designios divinos y la comunidad de creyentes. Como mensajeros de los oráculos divinos, transmitían lo que Dios quería comunicar a su pueblo a través de ellos. Lanzan tremendas invectivas contra el pueblo pecador. Entre los profetas mayores destacan Isaías (del siglo VIII a.C.), Jeremías y su discípulo Baruc. Completan el grupo las Lamentaciones, Ezequiel y Daniel (interesante literariamente por las visiones apocalípticas y por la historia de Susana) Algunos de los profetas “menores” son Jonás, Miqueas, Zacarías o Malaquías. Isaías es el profeta más notable desde el punto de vista literario: se estilo es impetuoso y desbordante. Sobrecoge por la fuerza de sus imprecaciones y la audacia de sus metáforas.

El Nuevo Testamento

Los libros del NT se centran en la figura de Jesús de Nazaret: sus hechos, sus enseñanzas, su muerte y la primera expansión de la Iglesia. Son cinco libros de carácter narrativo, veintiuna epístolas y un libro profético. Los Evangelios son la “buena noticia” sobre la vida de Jesús contada por Mateo, Marcos, Lucas (estos tres constituyen los llamados evangelios sinópticos) y Juan. Se cree que el evangelio más antiguo es el de Marcos. El evangelio de Mateo presenta la llegada de Jesús como el cumplimiento de la profecía mesiánica del AT. El de Lucas es la biografía más completa sobre Cristo y el de Juan es el más simbólico y espiritual: presenta a Cristo como Hijo de Dios. Los pasajes más recordados y con más valor literario son la narración de los milagros y curaciones (la conversión del agua en vino, la multiplicación de los peces, el desplazamiento sobre las aguas del mar, la resurrección de Lázaro, etc.) y, sobre todo, las parábolas, es decir, comparaciones o ejemplos que suelen tener la forma de un relato corto (la semilla de mostaza, el buen samaritano, la oveja perdida, el hijo pródigo, etc.). Merece destacarse por su influencia moral y su calidad estética el Sermón de la Montaña, donde se incluyen las Bienaventuranzas (Mateo 5.1-11, Lucas 6.20-26), que constituyen el núcleo de la moralidad cristiana, pues en ellas se expone, mediante una proverbial concatenación paralelística, su predilección por los débiles y oprimidos y la resistencia pacífica ante la adversidad: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados…”

Los Hechos de los Apóstoles, redactados por Lucas como continuación de su “evangelio”, constituyen una historia de la primitiva “Iglesia” cristiana (desde la muerte de Cristo al encarcelamiento de Pablo en Roma).

Las Epístolas más conocidas son las del apóstol Pablo de Tarso, pero también las hay de Pedro y Juan.

El Apocalipsis de Juan es un libro profético, deliberadamente oscuro y complejo, de carácter escatológico (mito del fin del mundo), rico en visiones, alegorías y símbolos.  Describe la llegada del Anticristo, los cuatro jinetes del Apocalipsis, las plagas y, finalmente, la destrucción de los enemigos del Cristianismo y el triunfo final de Cristo y de su Iglesia. La abundancia de elementos extraordinarios, oníricos y simbólicos lo han convertido en uno de los textos con mayor repercusión literaria e influencia de la Biblia.

Relatos famosos de la Biblia

Como se ha comentado en la Introducción, La Biblia es uno de los libros más influyentes en la cultura occidental. Además del valor sagrado otorgado a la Biblia por las religiones monoteístas, el influjo de este libro de libros lo podemos rastrear en las artes (pintura, escultura, arquitectura, música, literatura, cine…) y también en dichos,

refranes y sentencias que utilizamos en nuestra vida cotidiana y que han pasado a formar parte de la sabiduría popular (predicar en el desierto, ser un buen samaritano, poner la otra mejilla, llorar como una magdalena, etc.)

Anteriormente se han comentado los libros de la Biblia más influyentes en la literatura o con mayor calidad literaria, pero no conviene olvidar que la Biblia está repleta de relatos y personajes que han pasado a formar parte del acervo cultural de la humanidad: pensemos en las historias de Caín y Abel, Abraham y el sacrificio de su hijo Isaac, Jonás, tragado por la ballena, la torre de Babel, David y Goliat, Sansón y Dalila, la destrucción de Sodoma y Gomorra, Lucifer, el ángel caído (relacionado con el mito de Faetón, el hijo del Sol), Salomé (la bella bailarina que manda pedir la cabeza de Juan el Bautista) o los milagros atribuidos a Jesús (convertir el agua en vino en las bodas de Caná, la multiplicación de los panes y los peces, la resurrección de Lázaro, etc.)

A continuación vamos a comentar algunos de los principales recursos literarios empleados en la Biblia. Finalmente, mencionaremos algunas obras literarias que tienen como referencia básica la Biblia.

 

Principales recursos literarios de la Biblia

En un libro tan amplio y variado como la Biblia podemos encontrar textos de diferentes tipologías. En primer lugar, Israel, junto con Grecia, es el primer pueblo en cultivar la historia, sin limitarse a los relatos cosmogónicos, las genealogías y las cronologías (que también aparecen en la Biblia). Los GÉNEROS más cercanos a la literatura son los siguientes: los mitos (como el de la creación), los sermones y el género homilético (narración de milagros o hechos maravillosos para ejemplificar una conducta), las profecías, las biografías y sagas, las leyendas, las anécdotas, las novelas, las canciones amorosas (Cantar de los cantares), etc.

En cuanto a los PROCEDIMIENTOS LITERARIOS, podemos destacar las alegorías, símbolos, comparaciones, imágenes, adivinanzas, los recursos de la predicación oral, las genealogías, el empleo simbólico de los números, las constantes repeticiones, simetrías, paralelismos, el procedimiento concéntrico (repetir diversas ideas en varios ciclos consecuti­vos, de manera que aquellas se vayan enriqueciendo y con­cretando cada vez más), etc.

La Biblia es rica en pasajes narrativos: la acción domina sobre la descripción; las descripciones son escasas y, cuando las hay, son breves y esquemáticas. Los personajes –cuyos sentimientos son apenas sugeridos– se describen más por sus acciones y sus palabras: es a partir de sus hechos y sus palabras como podemos adivinar sus sentimientos. De hecho, el diálogo es un componente esencial de muchos relatos bíblicos.

Algunas obras literarias influidas por la Biblia

Son innumerables las obras literarias influidas por la Biblia, tanto directa como indirectamente. Como se comentó en la introducción, el AT y el NT han contribuido a forjar un sistema moral e ideológico subyacente (episteme) de la cultura occidental, que es el sustrato indirecto de gran parte del arte de nuestra civilización. Además, muchos de sus libros y relatos han pasado a formar parte de la cultura popular. Nos centraremos aquí en algunas obras literarias en las que la influencia de la Biblia es más directa. Una de las más tempranas es la obra de Agustín de Hipona (san Agustín, siglos IV-V), especialmente sus Confesiones, que se convirtieron pronto en modelo de autobiografía espiritual. La obra medieval más claramente influida por la Biblia es la Divina Comedia de Dante (se terminó de escribir al principio del siglo XIV). En ella se describe el viaje de Dante, guiado por el poeta Virgilio y su amada Beatriz, a través del Infierno (imaginado como un cono invertido en el centro de la tierra dividido en círculos concéntricos donde los pecadores sufren penas acordes con sus pecados), el Purgatorio y el Paraíso. Dante imagina también el Limbo, para dar cabida no sólo a los niños no bautizados, sino a los paganos que vivieron antes de Cristo, como su reverenciado Virgilio y otros autores de la Antigüedad. La topografía moral descrita en la Divina Comedia enriqueció la cosmovisión del Cristianismo. La Contrarreforma propició la cristianización de la poesía petrarquista de raíz latina, es decir, pagana. Uno de los fenómenos más característicos de esta tendencia es la poesía ascética y mística española del segundo Renacimiento (segunda mitad del siglo XVI), especialmente el Cántico espiritual, de Juan de Yepes, san Juan de la Cruz, (una reelaboración petrarquista del Cantar de los Cantares) o la poesía de Fray Luis de León, que fue encarcelado por realizar una traducción nueva del Cantar de los Cantares. Ya en el Barroco, el teatro español –que había comenzado a escribirse y a representarse en la Edad Media a partir de dramas litúrgicos que rememoraban la ofrenda de los pastores tras el nacimiento de Cristo (“officium pastorum”)– convirtió el teatro religioso en un verdadero espectáculo de masas callejero con los autos sacramentales (especializados en las alegorías de tema eucarístico), cuya culminación llegó con Calderón de la Barca. Quizás las obras de inspiración bíblica más importantes del siglo XVII son El paraíso perdido del inglés John Milton (1667), largo poema épico en el que se narra la pérdida del paraíso de Adán y Eva, y la novela alegórica El progreso del peregrino (1678), del también inglés John Bunyan, en la que se relata el viaje del protagonista, Cristiano, buscando la salvación. En el Romanticismo destaca el Fausto de Goethe (1808-1832), donde el protagonista, desesperado por

la insuficiencia del conocimiento, hace un pacto con el diablo, Mefistófeles. Muy romántico es también el poema Las tinieblas (Darkness) de Lord Byron: una alucinante recreación del fin del mundo con reminiscencias del Apocalipsis: ¿qué pasaría si se apagase el sol?. La temática religiosa no es predominante en la novela realista del siglo XIX (el positivismo y el darwinismo habían contribuido a la secularización de la sociedad y a fomentar un verdadero culto a la Ciencia), pero se deja ver de manera indirecta en Tolstoi y Dostoyevski, por ejemplo. El cristianismo del primero era heterodoxo (fue excomulgado por la Iglesia) y se observa, sobre todo, en sus últimas novelas, en especial en Resurrección (1889), cuyo protagonista “resucita” tras la lectura del Sermón de la montaña. Las novelas de Dostoyevski están marcadas por el sentimiento de culpa, el pecado y el remordimiento (tres sentimientos característicos de la moral judeo-cristiana), como se puede ver en Crimen y Castigo (1866). Antológico es el capítulo “El gran Inquisidor” de Los hermanos Karamazov (1880), en el que el Inquisidor de Sevilla juzga al mismísimo Jesucristo en su segundo regreso y lo condena a morir en la hoguera. Ya en el siglo XX, merecen destacarse algunas novelas del judío Franz Kafka, en especial El proceso y La condena (en la que un padre condena sin motivo aparente a su hijo a morir ahogado; el hijo, como Abraham cuando Dios le ordena sacrificar  a su hijo Isaac, cumple el veredicto). La influencia del Libro de Job en la obra kafkiana es notable. Más evidente aún es en Job. Romance de un hombre sencillo (1930), del escritor austriaco Joseph Roth, que actualiza la historia de Job contando la vida de un emigrante judío en EEUU a principios del siglo XX, que sufre constantes reveses en su vida. Muy interesante es la novela El maestro y Margarita (1966) del ruso Mijaíl Bulgákov (1940-1967): con ecos del Fausto de Goethe se relata la llegada a Moscú del Diablo y su estrambótica corte. Intercalado, se presenta el relato del encuentro entre Poncio Pilatos y Jesús. La influencia de la Biblia se deja notar también en los escritores de la actualidad. El premio nobel portugués José Saramago reflexiona crítica y recurrentemente en sus novelas sobre asuntos bíblicos: en El evangelio según Jesucristo (1991) reescribe la vida de Jesús con sencillez, sin milagros, dando voz y protagonismo a las mujeres, insistiendo en sus primeros años de vida y ofreciendo a menudo relecturas alternativas de algunos episodios de su vida. La obra generó mucha polémica en su país, hasta el punto que tuvo que autoexiliarse a Lanzarote. En 2009 volvió a revisar una historia bíblica: esta vez se centró en la historia de Caín y Abel (Caín, 2009); en ella, absuelve a Caín y culpa a Dios. El evangelio según el hijo (1998) del estadounidense Norman Mailer es una novela muy parecida a la citada en primer lugar de Saramago. Incluso en la reciente La infancia de Jesús (2013) el sudafricano, también premio Nobel, J. M. Coetzee utiliza los primeros años del nazareno para establecer un paralelismo en clave simbólica con la vida de los protagonistas.

[1] Para el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) la episteme es el trasunto ideológico del poder (político, económico o religioso) hegemonizado por el propio poder. Se trata de un marco de saber, un sistema de interpretación que está en la base de una cultura y que condiciona la experiencia, los modos de pensar y entender el mundo en un tiempo determinado. Es el punto de partida, el fondo, el background inconsciente desde el cual han sido posibles conocimientos y teorías; es lo “impensado” desde donde se piensa.

Biblia-repercusion-literaria en pdf:

MATERIAL COMPLEMENTARIO

La Biblia en el arte

Os recomiendo la siguiente presentación de Pablo Rodríguez Cabanillas:

Además de la literatura, la repercusión de la Biblia ha afectado a todas las artes. Mirad el extenso listado que ofrece la Wikipedia de cuadros inspirados en la Biblia.

La mayoría de imágenes de la entrada se han tomado de dos fantásticos artículos del magazine cultural Jotdown.


3 comentarios

  1. […] Para saber más: https://elcastillodekafka.wordpress.com/2012/09/27/la-biblia-y-su-repercusion-literaria/ […]

  2. […] VIII y el salmantino Fray Luis de León por traducir al castellano el Cantar de los Cantares del Antiguo Testamento, algo prohibido por el Concilio de Trento. Ésa era la acusación formal, pero muy probablemente […]

  3. […] ampliar información sobre la importancia de este libro en la tradición literaria posterior, aquí tenéis un buen bocado para […]

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